«Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan, y cuando digan falsamente de vosotros toda clase de infamias por ser mis discípulos…»
El miedo paraliza la existencia, la confianza le pone alas.
En un pasaje del evangelio, encontramos que los discípulos de Jesús tuvieron miedo, porque la barca en la que se encontraban con Él se tambaleó a causa de una fuerte tormenta, y Jesús, mientras, dormía.
¿Cómo puede Jesús dormir en esas circunstancias? Porque estaba confiado en las manos de Dios, mientras que los discípulos tenían falta de fe y por tanto miedo.
Con este pasaje, aprendemos que aunque Jesús parezca que está dormido y no se entera de nuestros problemas, no es así, por tanto no debemos tener miedo ni tampoco sentirnos solos.
La fe contrarresta al miedo. Ir de la mano de Dios es nuestra seguridad.






















